
Imagen oficial del día mundial del agua 2012
Con el propósito de llamar la atención sobre la importancia del agua dulce y abogar por el manejo sostenible de los recursos hídricos.
El agua es recurso indispensable para la vida en el planeta, incluida la vida humana, por supuesto, pero no solo para la supervivencia de la especie, sino para el desarrollo y expansión de su cultura.
Casi todas las culturas indígenas de nuestro país tienen sus orígenes míticos en las aguas. En la Amazonia colombiana, la leyenda Ticuna narra la aparición del primer gran río cuando un gigantesco árbol fue tumbado por los dioses. Este es el río Amazonas, cuyos numerosos afluentes son las ramas del árbol que le dio origen.
En tiempos precolombinos, en el interior de la llanura costera del Caribe colombiano, los Zenúes desarrollaron sencillas pero efectivas obras de ingeniería hidráulica con el fin de proteger los cultivos de las inundaciones durante la temporada de lluvias. Sobreviven hasta nuestros días monumentos precolombinos al agua, como es el caso del "Lavapatas" en el parque arqueológico de San Agustín.
En parques, reservas y santuarios del Sistema de Parques Nacionales Naturales de Colombia se protegen numerosas lagunas que aún hoy son consideradas sagradas por los descendientes indígenas y mestizos de nuestros pueblos aborígenes.
La Celebración del Agua
Aunque los pueblos originarios de casi todo el mundo celebraban cotidianamente al agua, este no es el caso de nuestra sociedad moderna. La celebración de un día internacional del agua fue recomendada en 1992 durante la Conferencia de Naciones Unidas Sobre Desarrollo y Medio Ambiente. La Asamblea General de las Naciones Unidas respondió asignando el 22 de marzo de 1993 como el primer Día Mundial del Agua.
Cada año, esta celebración resalta un aspecto puntual del agua dulce. Este año se trata del papel que juega el agua en la seguridad alimentaria de la población mundial. Desde esta óptica, llama la atención sobre la cantidad de agua que se requiere para producir alimentos para una población humana que ya supera los 7.000 millones y sigue creciendo exponencialmente.
Y esto va mucho más allá del hecho evidente de que el agua es indispensable para la producción de alimentos. Este año, la ONU hace un llamado a un consumo responsable de los alimentos, es decir, a disminuir el consumo de alimentos que demandan grandes volúmenes de agua para una exigua producción. En los poco honrosos primeros lugares de esta lista se encuentran la carne de res (15.000 litros de agua por kilo) y el trigo (1.500 litros de agua por kilo).
También denuncia que casi un tercio del total de los alimentos que se producen en el mundo nunca llega a consumirse, por lo que el agua empleada en producirlos se pierde definitivamente. Finalmente, exhorta a la población a evitar a toda costa el desperdicio de alimentos, a llevar una alimentación ambientalmente responsable que no exija enormes volúmenes de agua para su producción y a procurar el ahorro de agua por todos los medios a su alcance.
El Patrimonio hídrico de los colombianos
El potencial de Colombia como generador de recursos hídricos es indiscutible: su mar territorial es tan extenso como su área continental; es el cuarto país con mayores precipitaciones anuales en el mundo, y el caudal de los ríos colombianos se ha calculado en unos 60.000 m3 por segundo.
Adicionalmente, posee más de 700.000 cuencas hidrográficas y una gran cantidad de cuerpos de agua continentales. En el país se cuentan más de 1.800 lagunas, la mayor parte de las cuales se encuentran en la alta montaña. Los más de 7.800 k2 de ciénagas que existen en el país se encuentran principalmente en la costa del Caribe, mientras que los 19.000 k2 de pantanos se ubican en los llanos orientales.
A pesar de que a veces lleguemos a pensar que lo que pasa con el agua es que hay demasiada, la realidad es bien distinta. La verdad es que estamos comenzando a experimentar los efectos del cambio climático que traen consigo grandes sequías y largas temporadas de aguaceros torrenciales que ocasionan estragos de dimensiones catastróficas, tanto en zonas rurales como urbanas. Estragos que en buena medida son consecuencia también de un irresponsable manejo ambiental que ha permitido la contaminación de las fuentes de agua, la deforestación de las orillas y cabeceras de los ríos, el relleno de humedales y el desvío de numerosos cursos de agua.
Debemos enfrentar el hecho de que, aunque no lo parezca, nuestro país podría enfrentar una gran escasez de agua dulce, ya que desde la última década del siglo pasado venimos perdiendo dos ríos grandes cada año, bien sea a causa de la deforestación o como consecuencia de la contaminación.
Parques Nacionales Naturales de Colombia y el Reto del Cuidado del Agua
La protección del patrimonio hídrico es un asunto prioritario, no solo para Colombia, sino para todas las naciones, y en este contexto se han generado numerosas iniciativas del orden internacional. En este ámbito, varios humedales colombianos tienen categoría Ramsar, y en su mayoría están vinculados al Sistema de Parques Nacionales Naturales de Colombia: los Parques Chingaza y Los Nevados, el Santuario de Fauna y Flora Ciénaga Grande de Santa Marta y el vía-parque Isla de Salamanca son sitios Ramsar, lo que constituye una gran oportunidad para su conservación.
En el ámbito regional, el Sistema de Parques Nacionales Naturales trabaja estrechamente con las Corporaciones Autónomas Regionales en la elaboración e implementación de los Planes de Ordenamiento y Manejo de Cuencas Hidrográficas. Puesto que las cuencas hidrográficas no son entes aislados, estos planes se articulan regionalmente a través de los Sistemas Regionales de Áreas Protegidas. Las mayores cuencas hidrográficas de Colombia, como la del río Magdalena, trascienden los ámbitos regionales, por lo que en su ordenamiento y manejo pueden intervenir varias Corporaciones Autónomas Regionales y varias áreas del Sistema de Parques Nacionales Naturales.
De igual forma, en el manejo integrado de las cuencas que se comparte con otros países, como es el caso de la cuenca del río Tamá que compartimos con Venezuela, también existen varias competencias. En su manejo intervienen autoridades ambientales de ambos países, entre ellas los sistemas de parques nacionales, pues buena parte de su extensión se encuentra protegida en los parques Tamá de Colombia y El Tamá de Venezuela.
En Parques Nacionales Naturales de Colombia tenemos la mirada puesta en la conservación del recurso agua como bien común y trabajamos constantemente y de manera articulada para estar a la altura de este compromiso. Sin embargo, el reto es enorme, y necesitamos del concurso de todos los colombianos para proteger efectivamente el patrimonio hídrico de la Nación.
Desde Parques Nacionales Naturales de Colombia, hacemos un llamado para que desde todos los rincones de nuestro país donde haya un área protegida del sistema, los ciudadanos tomen conciencia de la importancia que dichas áreas tienen para la producción sostenible de agua dulce y se "pongan la camisa de la conservación" en defensa de estos territorios de preservación que nos brindan numerosos beneficios adicionales, como la seguridad alimentaria, la protección contra desastres naturales y la mitigación de los efectos del cambio climático